
Quedamos para irnos juntos saliendo de la oficina.
"Yo me voy para San Miguel", me dijo ella. "Nos vamos juntos pues".
Yo dije que por supuesto, faltaba más.
¡Excelente!
(Yo ya me había fijado en ella, y mi interés por ella iba creciendo con el paso de los días)
Nos esperaríamos en la puerta del Ministerio y tomaríamos un taxi para San Miguel
A la salida, la esperé.
No demoró mucho. Pero traía novedades.
"Hay dos chicas más que se van también a Maranga, ahorita salen".
Ok, esperamos.
Las dos chicas (una en realidad no tanto), salieron al toque.
A buscar taxi entonces para cuatro desde San Borja(1) hacia Maranga.
En eso estábamos, cuando salió un fulano de otra ofi, en su carro, y con otro pata suyo de copiloto.
"Ahi está Fulano, él se va para San Miguel", dijo ella. ¡Vamos con él!
Fulano detuvo su carro, y los cuatro nos dispusimos a subir al asiento trasero.
Tras un breve esfuerzo (mío sobre todo, que era el más grueso) subimos.
Pero he aquí que protestó Fulano:
"No pueden ir cuatro atrás. Me van a parar, me van a poner papeleta".
Tenía razón
Y ahora, ¿quién se baja?
Nos miramos los cuatro del asiento trasero. Miré a mi amiga. Ella me miró a mí.
Las otras dos tipas me miraron a mí.
Hete aquí que yo era el más grueso de los cuatro; por consiguiente, era el más indicado para bajarme.
Abrí la puerta y me bajé.
Pero yo, ¡oh iluso!, ¡oh lorna! , pensé por un momento que mi amiga se iba a bajar también, y nos íbamos a ir juntos en un taxi, como era el plan original.
Pero no lo hizo.
Apenas me bajé yo, el carro partió.
Ella bien cómoda en el asiento trasero. Y yo parado como un reverendo huevón en la vía pública.
Mientras estaba en mi taxi, recibo un mensaje de ella:
"Disculpa Ronnicito, ya no entraba más gente en el carro de Fulano. Espero que hayas conseguido carro rapido".
No le contesté. Es más: borré el mensaje. Y borré su número de mis contactos del celular.
Conclusión uno: si ella me vuelve a decir para irnos juntos, nunca más decirle que sí.
Conclusión dos: inscribirme en clases de manejo URGENTE. Con la grati de diciembre fácil me saco un carrito decente, bonito y económico. Y obviamente, más paja que el del Fulano ese.
Conclusión tres: ella ya fue.
Reflexión: ¿Fui demasiado iluso esperar que ella se bajase del carro en ese momento?
Porque si se bajaba, vaya señal que me estaba mandando. Fácil ahorita estaría con ella, a estas tempranas horas del domingo, y no sentado en la laptop escribiendo esto.
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(1) Mi chamba se ha trasladado desde el Centro de Lima hasta San Borja, para sufrimiento mío.







