
En efecto, atacó de nuevo.
Me siguió zahiriendo de nuevo.
Pero esta vez, respondí.
Luego del ya conocido episodio del
asiento trasero, los días pasaron. Se me pasó el resentimiento y volvimos a las buenas migas con ella. Seguimos en las amables conversaciones durante el almuerzo y, algunos días, compartiendo el taxi hacia San Miguel (ella estudió en La Católica y va a veces por ahi).
Esto pasó la última semana.
El lunes, durante el almuerzo, ella me propone ir a una exposición fotográfica de no sé qué vaina en algún local caviarón de San Isidro.
"
Vamos", me dice, "
va a estar muy bueno".
Me dije: es una ocasión que no puedo desaprovechar. Pero ese mismo lunes tenía una reunión con la gente de la maestría para terminar un trabajo.
Entonces le dije a la chicoca que mejor al día siguiente, el martes.
Ok, dijo ella. El martes.
En la noche nos encontramos en el Messenger y volvimos a quedar y recontraquedar para el martes. Incluiso decidimos dónde tomarnos un café saliendo de la dichosa exposición.
*****
Llegó el martes.
Yo llegué emocionado a la oficina, porque ese día, por fin,
íbamos a salir.
Estuve emocionado toda la mañana.
Y a la hora de salir de mi ofi al comedor para almorzar, me latía el corazón.
Llegue al comedor. Pedí mi almuerzo y me senté a la mesa que ya habían separado dos patas nuestros que llegaron primero.
Mientras degustaba la entrada, llega la del Asiento Trasero y dos chicocas más.
Ella se sienta.
Y con una amplia, cálida e inocente (!!!) sonrisa, me dice:
"
Ronnicín, hoy me voy para la Católica. He quedado con un amigo de mi facultad en tomarme un café con él. ¿Nos vamos juntos en el taxi?.
Eso me dijo.
¿Es que no se acordó que ese día iba a salir conmigo?
¿Es que se le olvidó cuando quedó con su amiguito?
¿O es que, simple y llanamente, se cagó en nuestra cita y quedó con el otro mostrito, sin importarle en absoluto que ya había quedado conmigo
para ese mismo día?
Lo ignoro. Tampoco se lo pregunté. La cosa es que a nuestra cita se la llevó el viento.
Al día siguiente, siempre durante el almuerzo, anunció con su sonrisa bobalicona de siempre, que a la salida se iba al cine con los patas de su ofi.
Ok. Ahora sí te cagaste, dije para mis adentros.
El jueves fue el hielo total. Sin ser descortés, sin ser escandaloso, sin ser evidente para el resto del grupo, empecé yo a zaherirla a ella.
No la miraba.
No respondía a sus preguntas (salvo cuando era muy rochoso para el resto que no lo hiciera; y cuando lo hacía, procuré ser lo más cortante posible).
La ignoré por completo.
Y eso mismo decidí hacer durante el resto de los días.
Lo que más me picaba era que ella no se daba por aludida. Seguía estando sonriente y amable conmigo, a pesar de los desplantes. Entonces decidí hacerle o decirle algo que hiciera que dejara de estar así.
*****
El viernes, durante el almuerzo, llega, se sienta a mi lado y me dice:
"
Ronnicín, hoy hay un conversatorio de no sé que huevada en el Británico de Miraflores. ¿Te apuntas?"
La miré con todo el odio que pude. No le respondí, y seguí comiendo.
Mientras comía mi segundo, llega un pata del grupo y se sienta entre ella y yo.
"
Oye fulanito, le dice ella al pata,
hay este conversatorio en Miraflores. ¿Vamos? Va ir Ronny también. ¿No es cierto, Ronnicito?
Me cercioro que el resto de la mesa no nos presta atención. Luego la miro con más odio que hace un rato, y con el tono más violento que pude (pero en voz baja) le respondo:
"
Te he dicho que no puedo ir".
Por primera vez desde que llegamos a chambear al Ministerio, ella deja de sonreir.
"
Pero no te molestes, Ronnicito".
Me sigo cerciorando de que el resto no se fija en nosotros.
"
Te acabo de decir que no puedo ir, y dos veces encima. No sé por qué tienes que seguir jodiendo con eso", respondo, con más violencia pero siempre en voz baja.
Ella no solo dejó de sonreir, sino que además me miró asustada y bajó su mirada. Y no la volvió a subir hasta que nos fuimos del comedor.
Yo me fui sonriente a mi oficina. Con la sonrisa que le quité a ella. Y disfrutando de los efectos del golpe que le propiné.
Pregunta 1: ¿Fui muy atorrante portándome así?
Pregunta 2: ¿De verdad se habrá olvidado de nuestra cita del martes, o quedó con el otro fulano para ese mismo día de pura pendejilla?
Pregunta 3: ¿Cómo debo de comportarme en lo sucesivo con ella?
Moraleja: La verdad que, evaluando esto con la distancia y la cabeza fría necesarias, creo que le estoy dando demasiada importancia a este lío con la chicoca esta. Creo que mejor lo dejo ahi y trato de llevar la fiesta en paz. Y además, ha aparecido una nueva fémina en mi vida, una chica que baila excelentemente bien y, más aún, ha quedado en darme clases de baile. Eso lo contaré en el próximo post.
Gracias por su atención, camaradas. Los quiero mucho
;)