domingo 6 de diciembre de 2009

El Exorcista


Cuando hago el amor contigo
la cama se vuelve como la del Exorcista.

Porque de lo que estaba pegada a la pared cuando comenzamos
acaba en medio de la habitación cuando terminamos...

(Solo nos faltaría voltear nuestras cabecitas como en la foto...)

domingo 29 de noviembre de 2009

Todo puede terminarse (post anticipado, precavido, felizmente errado pero sincero).


Todo puede terminarse
mañana mismo
hoy mismo.
Así, de improviso
pueden decidir
con el largo dedo del poder
"mañana usted no sigue aquí"
y te vas
te separan de tus amigos
que hiciste desde el principio
con los que compartiste, mucho, mucho
más que un almuerzo
más que el taxi de regreso
más que los cursos, los trabajos
leer-a, resumir-a
saltar, decir: "Todos somos..."
"Esta es mi casa"
gritar, aplaudir
sonreir, hacer muecas
acompañarnos
en todos lados
En tres meses puedes llegar a querer tanto a tanta gente
a gente tan dispar
tan distinta a ti
a chicos, chicas
que nunca te habrías imaginado que ibas a querer tanto
que nunca habías pensado siquiera en tratar tan de cerca
hasta el punto de ser confidente suyo
su paño de lágrimas.
Pero todo eso se puede acabar
en un instante
alguien poderoso puede venir y decidir el futuro del mundo
con el simple movimiento de un dedo
"esto no sigue"
"estos no siguen"
y tu mundo que tanto te demoraste en crear
se puede desmoronar como un castillo de naipes
y te quedas así, en medio de la calle
mirando a la gente que viene y va
y terminar de convencerte
que ahora eres uno más de ellos.
Todo puede terminarse
amigos míos, amigas mías
solo sepan
que los quiero mucho
los querré mucho
y siempre volveremos a almorzar
todos juntos
atiborrados en una mesa
conversando y riendo
siempre poco precavidos
pero siempre alegres.
Los quiero mucho, amigos.
Aquí seguirán ustedes conmigo.
Nunca los olvidaré.

domingo 22 de noviembre de 2009

La del Asiento Trasero ataca de nuevo


En efecto, atacó de nuevo.
Me siguió zahiriendo de nuevo.
Pero esta vez, respondí.

Luego del ya conocido episodio del asiento trasero, los días pasaron. Se me pasó el resentimiento y volvimos a las buenas migas con ella. Seguimos en las amables conversaciones durante el almuerzo y, algunos días, compartiendo el taxi hacia San Miguel (ella estudió en La Católica y va a veces por ahi).

Esto pasó la última semana.
El lunes, durante el almuerzo, ella me propone ir a una exposición fotográfica de no sé qué vaina en algún local caviarón de San Isidro.
"Vamos", me dice, "va a estar muy bueno".
Me dije: es una ocasión que no puedo desaprovechar. Pero ese mismo lunes tenía una reunión con la gente de la maestría para terminar un trabajo.
Entonces le dije a la chicoca que mejor al día siguiente, el martes.
Ok, dijo ella. El martes.
En la noche nos encontramos en el Messenger y volvimos a quedar y recontraquedar para el martes. Incluiso decidimos dónde tomarnos un café saliendo de la dichosa exposición.

*****
Llegó el martes.
Yo llegué emocionado a la oficina, porque ese día, por fin, íbamos a salir.
Estuve emocionado toda la mañana.
Y a la hora de salir de mi ofi al comedor para almorzar, me latía el corazón.

Llegue al comedor. Pedí mi almuerzo y me senté a la mesa que ya habían separado dos patas nuestros que llegaron primero.
Mientras degustaba la entrada, llega la del Asiento Trasero y dos chicocas más.
Ella se sienta.
Y con una amplia, cálida e inocente (!!!) sonrisa, me dice:
"Ronnicín, hoy me voy para la Católica. He quedado con un amigo de mi facultad en tomarme un café con él. ¿Nos vamos juntos en el taxi?.
Eso me dijo.

¿Es que no se acordó que ese día iba a salir conmigo?
¿Es que se le olvidó cuando quedó con su amiguito?
¿O es que, simple y llanamente, se cagó en nuestra cita y quedó con el otro mostrito, sin importarle en absoluto que ya había quedado conmigo para ese mismo día?
Lo ignoro. Tampoco se lo pregunté. La cosa es que a nuestra cita se la llevó el viento.

Al día siguiente, siempre durante el almuerzo, anunció con su sonrisa bobalicona de siempre, que a la salida se iba al cine con los patas de su ofi.
Ok. Ahora sí te cagaste, dije para mis adentros.

El jueves fue el hielo total. Sin ser descortés, sin ser escandaloso, sin ser evidente para el resto del grupo, empecé yo a zaherirla a ella.
No la miraba.
No respondía a sus preguntas (salvo cuando era muy rochoso para el resto que no lo hiciera; y cuando lo hacía, procuré ser lo más cortante posible).
La ignoré por completo.
Y eso mismo decidí hacer durante el resto de los días.
Lo que más me picaba era que ella no se daba por aludida. Seguía estando sonriente y amable conmigo, a pesar de los desplantes. Entonces decidí hacerle o decirle algo que hiciera que dejara de estar así.

*****
El viernes, durante el almuerzo, llega, se sienta a mi lado y me dice:
"Ronnicín, hoy hay un conversatorio de no sé que huevada en el Británico de Miraflores. ¿Te apuntas?"
La miré con todo el odio que pude. No le respondí, y seguí comiendo.
Mientras comía mi segundo, llega un pata del grupo y se sienta entre ella y yo.
"Oye fulanito, le dice ella al pata, hay este conversatorio en Miraflores. ¿Vamos? Va ir Ronny también. ¿No es cierto, Ronnicito?
Me cercioro que el resto de la mesa no nos presta atención. Luego la miro con más odio que hace un rato, y con el tono más violento que pude (pero en voz baja) le respondo:
"Te he dicho que no puedo ir".
Por primera vez desde que llegamos a chambear al Ministerio, ella deja de sonreir.
"Pero no te molestes, Ronnicito".
Me sigo cerciorando de que el resto no se fija en nosotros.
"Te acabo de decir que no puedo ir, y dos veces encima. No sé por qué tienes que seguir jodiendo con eso", respondo, con más violencia pero siempre en voz baja.
Ella no solo dejó de sonreir, sino que además me miró asustada y bajó su mirada. Y no la volvió a subir hasta que nos fuimos del comedor.
Yo me fui sonriente a mi oficina. Con la sonrisa que le quité a ella. Y disfrutando de los efectos del golpe que le propiné.

Pregunta 1: ¿Fui muy atorrante portándome así?
Pregunta 2: ¿De verdad se habrá olvidado de nuestra cita del martes, o quedó con el otro fulano para ese mismo día de pura pendejilla?
Pregunta 3: ¿Cómo debo de comportarme en lo sucesivo con ella?

Moraleja: La verdad que, evaluando esto con la distancia y la cabeza fría necesarias, creo que le estoy dando demasiada importancia a este lío con la chicoca esta. Creo que mejor lo dejo ahi y trato de llevar la fiesta en paz. Y además, ha aparecido una nueva fémina en mi vida, una chica que baila excelentemente bien y, más aún, ha quedado en darme clases de baile. Eso lo contaré en el próximo post.

Gracias por su atención, camaradas. Los quiero mucho
;)

domingo 15 de noviembre de 2009

Lo bueno de almorzar con mujeres...


... es que se demoran igual o más que tú para comer.

Bueno, cuando te demoras en comer.

Y yo, a diferencia del 99% de varones de este planeta, me demoro en comer.

Dicen que comer lento es saludable, pues no ingieres gases, la comida digiere mejor, y sobre todo no subes de peso.

Mentira.
Mentira.
Mentira.

Ayer me subí a la balanza después de tres meses. La aguja marcó 95 kg. y nueve líneas. O sea, casi 96.

Y me sigo demorando en comer como siempre.

:(

Pero no importa. Lo bueno es que a todas las chicas de la ofi les gusta almorzar conmigo.

:D :D :D

domingo 8 de noviembre de 2009

La del Asiento Trasero


Quedamos para irnos juntos saliendo de la oficina.
"Yo me voy para San Miguel", me dijo ella. "Nos vamos juntos pues".
Yo dije que por supuesto, faltaba más.
¡Excelente!
(Yo ya me había fijado en ella, y mi interés por ella iba creciendo con el paso de los días)
Nos esperaríamos en la puerta del Ministerio y tomaríamos un taxi para San Miguel

A la salida, la esperé.
No demoró mucho. Pero traía novedades.
"Hay dos chicas más que se van también a Maranga, ahorita salen".
Ok, esperamos.
Las dos chicas (una en realidad no tanto), salieron al toque.
A buscar taxi entonces para cuatro desde San Borja(1) hacia Maranga.

En eso estábamos, cuando salió un fulano de otra ofi, en su carro, y con otro pata suyo de copiloto.
"Ahi está Fulano, él se va para San Miguel", dijo ella. ¡Vamos con él!
Fulano detuvo su carro, y los cuatro nos dispusimos a subir al asiento trasero.
Tras un breve esfuerzo (mío sobre todo, que era el más grueso) subimos.
Pero he aquí que protestó Fulano:
"No pueden ir cuatro atrás. Me van a parar, me van a poner papeleta".
Tenía razón
Y ahora, ¿quién se baja?

Nos miramos los cuatro del asiento trasero. Miré a mi amiga. Ella me miró a mí.
Las otras dos tipas me miraron a mí.
Hete aquí que yo era el más grueso de los cuatro; por consiguiente, era el más indicado para bajarme.
Abrí la puerta y me bajé.

Pero yo, ¡oh iluso!, ¡oh lorna! , pensé por un momento que mi amiga se iba a bajar también, y nos íbamos a ir juntos en un taxi, como era el plan original.
Pero no lo hizo.
Apenas me bajé yo, el carro partió.
Ella bien cómoda en el asiento trasero. Y yo parado como un reverendo huevón en la vía pública.

Mientras estaba en mi taxi, recibo un mensaje de ella:
"Disculpa Ronnicito, ya no entraba más gente en el carro de Fulano. Espero que hayas conseguido carro rapido".
No le contesté. Es más: borré el mensaje. Y borré su número de mis contactos del celular.

Conclusión uno: si ella me vuelve a decir para irnos juntos, nunca más decirle que sí.
Conclusión dos: inscribirme en clases de manejo URGENTE. Con la grati de diciembre fácil me saco un carrito decente, bonito y económico. Y obviamente, más paja que el del Fulano ese.
Conclusión tres: ella ya fue.

Reflexión: ¿Fui demasiado iluso esperar que ella se bajase del carro en ese momento?

Porque si se bajaba, vaya señal que me estaba mandando. Fácil ahorita estaría con ella, a estas tempranas horas del domingo, y no sentado en la laptop escribiendo esto.

*****
(1) Mi chamba se ha trasladado desde el Centro de Lima hasta San Borja, para sufrimiento mío.

sábado 24 de octubre de 2009

El lente de la cámara


Estoy mirando tu foto.
Estás sonriente, mirando al lente de la cámara, con un polito fucsia de mangas pequeñitas
Corre un viento ligero de primavera (intuyo la estación por la ropa que llevas y el sol que se vislumbra)
y estás parada debajo de un árbol, protegida por su sombra
y sus ramas y sus grandes hojas que están en su lugar, ya no caen.
Y tú estás mirando al lente de la cámara.
Sonríes sin mostrar tus dientes
(creo que en esa época usabas brackets)
pero igual
esa sonrisa para el lente
me arroba.
Porque tienes muchas, muchísimas fotos sonriente y mostrando tu sonrisa abierta y armoniosa
pero yo me quedo con esa foto
sonriendo con tus labios cerrados y perfectos, mirando a la cámara
que yo quisiera haber disparado en ese momento
que yo quisiera disparar en este momento
o dispararla todos los días
desde el momento que te despiertes
hasta el momento en que te duermas arropada con tus frazadas y con mis brazos
e incluso durante tu sueño
velándolo con mi cámara
y mis brazos acomodando tu frazada
porque seguro que durante el sueño sonríes
y yo quiero estar ahi para ver tu sonrisa
y arrobarme con ella.
Mira cómo es la vida
Ahora paso cerca de tu casa todos los días
trabajo ahora por ahi
y el bus pasa siempre frente a tu casa
yo siempre me siento para el lado de la ventana
para ver mejor tu casa
tu balcón (porque ese quiero que sea tu cuarto, el del segundo piso de tu casa donde hay un balcón)
y siempre espero que te asomes
y me sonrías
yo yo enrumbar asi, contento
a enfrentarme con los ogros y las brujas
los calabozos y los dragones
de aquel conjunto de barracas frías donde debo recluirme de 8 a 6
(algunos lo llaman "oficina").
Muchas veces me prometo no volver a mirar tu foto
olvidar el enlace
la dirección, el URL, el "sitio web"
pero mis dedos memorisosos lo teclean por inercia
saben en dónde hacer click
saben buscar tu sonrisa
y he aquí que el arrobo me ha colmado
y he guardado la dirección en mi carpeta "favoritos"
para verla siempre, siempre
arrobarme con ella
sentirme bien
mirando cómo le sonríes
al lente de esa cámara
que yo dispararé
siempre, por siempre.
Soy tu sonrisa
es inexorable
no hay opción.

domingo 11 de octubre de 2009

Olga


Nunca fui muy hincha de la música criolla. Siempre detesté que me la pusieran como "símbolo de la peruanidad", en detrimento de otras expresiones musicales peruanas, como las andinas (huayno, huaylas, muliza, etc.) o las de la selva, que ahora están de moda gracias a los barranquinos afortunados de Bareto. Siempre detesté esa discriminación tácita, ese racismo velado de alabar la música criolla (costeña por excelencia) por sobre la música serrana y selvática. Odio tener que escuchar música criolla a todo volumen en los restaurantes a la hora del almuerzo. Cuando entro a Wong en época de Fiestas Patrias, y veo a los carry boys vestidos de chalán (¿por qué no con trajes típicos de la siera o la selva?) me largo en one a Plaza Vea (donde hay mucha menos gente, dicho sea de paso).

No es tanto que se me haya salido el antropólogo; es un posición (y una ira) muy personal.

Sin embargo, hay algunos (muy pocos) intérpretes criollos a los que les tengo mucho cariño. Creo que Chabuca, cuando canta "Fina estampa" o "Cardo y ceniza" es inigualable. La "China hereje" de los Romanceros Criollos me trae muy buenos y muy gratos recuerdos de la época de la universidad.

Y así muy pocos ejemplos. Por ejemplo, este:





No importa que la canción sea muy quejumbrosa. No importa que sea la historia de un cachudo (y de un cachudo monse, encima, porque perdona a la infiel: "la prueba de hombre doy, te puedo perdonar/por tu mal proceder"). No importa que la letra misma se contradiga (primero dice "Tu mala canallada con otro igual a ti/la tendrás que pagar" y después "Ya te he dicho que soy hombre/y te perdono porque te amo"), total, ¿cuándo ha importado mucho seguir rigurosamente la lógica aristotélica en la música popular? Cojudeces.

No importa nada de eso. Solo importa que cuando escucho cantar esa canción al Zambo Cavero me paro, me acerco a la radio/CD player, le subo el volumen y canto la canción a voz en cuello. Por eso eres distinto, Zambo lindo. Por eso nunca vas a morir, mientras no siga escuchando "Olga", cantada por ti, a voz en cuello y con todo el volumen.